Paciente: ...pero duele mucho.
Doctor: Me temo que...
P: (interrumpiendo)... es la única manera, ¿verdad?
D: Así es. Es bueno que lo sepa.
P: Yo lo se; mis tripas no y no paran de retorcerse. ¿No puede hacer que vaya más rápido?
D: No se queje tanto. Es una buena máquina, una Yelmo que está como el día en que la compraron.
P: Duele.
D: Eso ya lo dijo usted, sea más original. Describa que es lo que siente.
P: Esa aspiradora en el ombligo no se puso bien. Se me sale sangre por los costaditos, y creo que aspira de más. Me saca la risa de los pulmones; y creo que se está llevando un pedacito de espíritu...
D: No me conmueve, no sea tan dramático. No es el primero, y detrás suyo aguarda una infinidad de pacientes más.
(Silencio)
P: ¿Es necesario que la extirpe toda? ¿No puede dejar un pedacito aunque sea?
D: Bien sabe usted que no, no se para qué me lo pregunta.
P: Por llorón.
D: Bien; procure dejar de hacerlo.
P: Procure tener un poco más de tacto.
(Entra una enfermera; nadie repara en ella)
P: ¿Por qué duele más de noche?
D: Lamento informarle que el contagio se produjo en horario nocturno. Su cuerpo entero estuvo expuesto, y mucho me temo que también tendré que arrancarle la piel nuevamente, por más que tenga poco uso esta nueva que trae.
P: Lo se. Hágalo. Total, vuelve a crecer, ¿no?
D: Depende, pero la que tiene ya no le sirve de mucho. Lo siento, me tengo que ir. Intente descansar.
P: Intente irse a la mierda.
(El doctor se retira. El paciente cierra los ojos. Sueña con un conejo, con un cazador y una licuadora)
P: ¿No hay otra forma, verdad? ¿Doctor? ¿Hola?
(Las luces se apagan muy de a poco)
lunes, 26 de octubre de 2009
domingo, 25 de octubre de 2009
Relato profundo en 7 palabras y dos signos de puntuación
Ella fantaseaba con ser modelo. Lo consiguió.
viernes, 23 de octubre de 2009
Niño Condenado
Habla conmigo,
viejo perro blanco,
habla conmigo,
ladra tu quebranto...
cuando quieras,
olvidarlo...
tu quebranto...
Habla conmigo,
perro de la lluvia...
habla conmigo,
solo tú conoces,
la vendimia...
de la calle...
¡La delicia!
¡La delicia!
Habla conmigo,
viejo perro blanco,
busca descanso,
con tu molinete,
que los amos,
no descansan...
ya no existen...
Habla conmigo,
perro de la lluvia,
habla conmigo,
niño condenado,
por el diablo de febrero...
¡Perdonado!
¡Perdonado!
¡Perdonado!
viejo perro blanco,
habla conmigo,
ladra tu quebranto...
cuando quieras,
olvidarlo...
tu quebranto...
Habla conmigo,
perro de la lluvia...
habla conmigo,
solo tú conoces,
la vendimia...
de la calle...
¡La delicia!
¡La delicia!
Habla conmigo,
viejo perro blanco,
busca descanso,
con tu molinete,
que los amos,
no descansan...
ya no existen...
Habla conmigo,
perro de la lluvia,
habla conmigo,
niño condenado,
por el diablo de febrero...
¡Perdonado!
¡Perdonado!
¡Perdonado!
martes, 13 de octubre de 2009
Importante concepción ontológica
"Ahí" es el lugar donde quedan las cosas que no tienen ganas de ser
lunes, 5 de octubre de 2009
Agua e Vinho
[ Musica maestro: http://www.youtube.com/watch?v=AZnQUMxYPds ]
Los perros se miran y sonríen ante la coda de sus vidas. Todo cobra un nuevo sentido; la realidad es nítida, es fresca como el pasto del campo a la mañana, como el agua de los lagos olvidados de montaña. La tarde baña a las siluetas en oro luminoso, y las partículas de polvo planean ante la visión de los mártires. La paz es quebrada, o más bien, acompasada por los golpes del hacha del verdugo contra el piso hueco. Alguien fantasea y lo ve como uno de esos directores barrocos que en lugar de usar batuta, golpeaban sus bastones contra el piso. Pronto, dos sacos inertes y encapuchados bailarán para él.
Los canes inspiran profundamente. Quizás intenten, inconcientemente, aferrarse de algo, o quedarse con algo antes del final, aunque sólo sea el aire de sus pulmones. Uno de ellos jadea y piensa: "le llevaría horas al pintor más avezado recrear el color de la sangre sobre el verde de los tablones de onix del cadalso. Lástima que apenas alcance a verlo."
El otro interrumpe su meditación: - La muerte es renovación, compañero. Las cosas podrán ser distintas para los que nos sucedan. -
El hacha dibuja una curva áurica contra el destello de la última luz de esa tarde. La imagen es fuerte, pero el último a ser ejecutado conserva el recuerdo de su compañero en lo alto, y no la del cuerpo con su cabeza pendiendo de un jirón de carne que no alcanzó a ser cortado. Son concientes de por qué están ahí, y su moral no se quiebra.
Ningún pintor pudo nunca recrear aquellos colores.
Los perros se miran y sonríen ante la coda de sus vidas. Todo cobra un nuevo sentido; la realidad es nítida, es fresca como el pasto del campo a la mañana, como el agua de los lagos olvidados de montaña. La tarde baña a las siluetas en oro luminoso, y las partículas de polvo planean ante la visión de los mártires. La paz es quebrada, o más bien, acompasada por los golpes del hacha del verdugo contra el piso hueco. Alguien fantasea y lo ve como uno de esos directores barrocos que en lugar de usar batuta, golpeaban sus bastones contra el piso. Pronto, dos sacos inertes y encapuchados bailarán para él.Los canes inspiran profundamente. Quizás intenten, inconcientemente, aferrarse de algo, o quedarse con algo antes del final, aunque sólo sea el aire de sus pulmones. Uno de ellos jadea y piensa: "le llevaría horas al pintor más avezado recrear el color de la sangre sobre el verde de los tablones de onix del cadalso. Lástima que apenas alcance a verlo."
El otro interrumpe su meditación: - La muerte es renovación, compañero. Las cosas podrán ser distintas para los que nos sucedan. -
El hacha dibuja una curva áurica contra el destello de la última luz de esa tarde. La imagen es fuerte, pero el último a ser ejecutado conserva el recuerdo de su compañero en lo alto, y no la del cuerpo con su cabeza pendiendo de un jirón de carne que no alcanzó a ser cortado. Son concientes de por qué están ahí, y su moral no se quiebra.
Ningún pintor pudo nunca recrear aquellos colores.
viernes, 26 de junio de 2009
Camarones en un bar de camarones
Las vetas de un gastado listón de madera se reflejan en la superficie de un tenedor clavado en su espalda. El camarón está abandonado, semi aplastado por el cuchillo, la servilleta arrugada y la cuenta, sobre un plato blanco y pegoteado de aceite. Alguien no se lo comió. El camarón permanece, muerto. Alguien intentará culparlo. Y sí, un camarón medio sucio y con esas pinzas puede parecer amenazante. Como sea, lo más probable es, que alguien se encargue de decir, que era una amenaza, ahí servido en el plato, contra cuchillos y tenedores afilados en manos hábiles que lo superan en fuerza y tamaño. Un camarón llamado Darío; o Maxi.
domingo, 29 de marzo de 2009
Sin título o Analogía inmuéblica
La tarea que se presenta puede ser abordada de distintas maneras: podría apelar a una serie de calificativos coloridos, incurrir en halagos pomposos y dar algunos paseos bizantinos sobre ciertos defectos. Incluso tendría problemas con esto, ya que debería sentarme a bosquejar un planteo que justifique por qué considero defecto algún rasgo en particular, y pasaría a ser una recreación personal más que una mera descripción formal. En fin, lo que voy a hacer entonces, es desplazar el eje de la cuestión: voy a pasar a describir su casa como si hablara de ella:
Para acceder hay que atravesar una gruesa puerta y luego caminar un pasillo con una serie de subidas y bajadas, a veces a tientas en la oscuridad, a veces - de encontrar el interruptor - con buena luz. Una vez ahí, hay dos accesos: la entrada principal, que cuenta con una mirilla para examinar a quien llama y ya logró alcanzar este punto, y una segunda puerta, la mayor parte de los casos cerrada y bloqueada, que comunica a un patio interno.El departamento no es nuevo, de esos de ladrillo hueco y durlock, hechos así nomás, ni tampoco una construcción arcaica a punto de implosionar. Básicamente y a grandes rasgos se trata de una construcción plena aún, con buenos cimientos y totalmente funcional.Es una muy linda casa. Colorida, cálida, luminosa, aunque algo desarreglada por los ritmos internos que no dejan lugar para una pulcritud rigurosa. Su salón principal alberga una biblioteca algo empolvada, pero con un gran y profundo contenido. Le sigue la cocina, el sector productivo: bolsas con materia prima y condimentos ingresan para ser procesados con gran habilidad y maestría, devolviendo simples pero exquisitos platos, y en ocasiones, soberbios preparados.Por donde se mire, se encuentran elementos artísticos y herramientas creativas: pinceles, lápices, pinturas, instrumentos, herramientas, plumas y papeles por doquier. Además, los estantes y repisas desbordan de recuerdos, y objetos varios; quizás demasiados, provocando una saturación, y a veces haciendo difícil la limpieza. Finalmente, una habitación de descanso, el sitio más acogedor y tranquilo de la casa, y un baño, lugar de aseo y de deshechos del morador.
A veces, el equilibrio se ve perturbado por una gotera que emana de lo más profundo de las entrañas del edificio - sobre el cielo raso -que se externaliza en forma de oscuras manchas de humedad. Es difícil encontrar una solución, y casi imposible hacerlo sin tener que romper y escarbar en la loza para alcanzar el origen del desperfecto, que según parece es tan viejo como el edificio mismo. Y lo que es peor, la combinación de esto y otros factores menores sirven de caldo de cultivo para una horda de mosquitos, insignificantes y prácticamente invisibles de a uno, pero que de conjunto se vuelven una fuerza angustiante y dura de combatir.
Hace un tiempo también se filtró un roedor, presuntamente una rata. Se escondió en sus rincones más inaccesibles, y comenzó a roer y a defecar en distintas partes. Gracias a la observación y con dedición, el animal fue detectado, cercado y aislado. Se introdujo veneno y se lo privó de alimento, así que ahora resta esperar que perezca de una vez por todas. Y como si esto fuera poco, algunos fantasmas del pasado, aunque muy débilmente, todavía se pasean, logrando que prevalezcan ciertos temores y rompiendo la paz interior.
Para terminar, el departamento sólo posee un problema crónico, que ocurre con sus cañerías. Suelen taparse los desagües cloacales ocasionando malestar general.
Ahora bien, ¿ quién vive en este lugar?, se preguntaran... se dice el pescado, no el pescador.
La casa no se vende.
Para acceder hay que atravesar una gruesa puerta y luego caminar un pasillo con una serie de subidas y bajadas, a veces a tientas en la oscuridad, a veces - de encontrar el interruptor - con buena luz. Una vez ahí, hay dos accesos: la entrada principal, que cuenta con una mirilla para examinar a quien llama y ya logró alcanzar este punto, y una segunda puerta, la mayor parte de los casos cerrada y bloqueada, que comunica a un patio interno.El departamento no es nuevo, de esos de ladrillo hueco y durlock, hechos así nomás, ni tampoco una construcción arcaica a punto de implosionar. Básicamente y a grandes rasgos se trata de una construcción plena aún, con buenos cimientos y totalmente funcional.Es una muy linda casa. Colorida, cálida, luminosa, aunque algo desarreglada por los ritmos internos que no dejan lugar para una pulcritud rigurosa. Su salón principal alberga una biblioteca algo empolvada, pero con un gran y profundo contenido. Le sigue la cocina, el sector productivo: bolsas con materia prima y condimentos ingresan para ser procesados con gran habilidad y maestría, devolviendo simples pero exquisitos platos, y en ocasiones, soberbios preparados.Por donde se mire, se encuentran elementos artísticos y herramientas creativas: pinceles, lápices, pinturas, instrumentos, herramientas, plumas y papeles por doquier. Además, los estantes y repisas desbordan de recuerdos, y objetos varios; quizás demasiados, provocando una saturación, y a veces haciendo difícil la limpieza. Finalmente, una habitación de descanso, el sitio más acogedor y tranquilo de la casa, y un baño, lugar de aseo y de deshechos del morador.
A veces, el equilibrio se ve perturbado por una gotera que emana de lo más profundo de las entrañas del edificio - sobre el cielo raso -que se externaliza en forma de oscuras manchas de humedad. Es difícil encontrar una solución, y casi imposible hacerlo sin tener que romper y escarbar en la loza para alcanzar el origen del desperfecto, que según parece es tan viejo como el edificio mismo. Y lo que es peor, la combinación de esto y otros factores menores sirven de caldo de cultivo para una horda de mosquitos, insignificantes y prácticamente invisibles de a uno, pero que de conjunto se vuelven una fuerza angustiante y dura de combatir.
Hace un tiempo también se filtró un roedor, presuntamente una rata. Se escondió en sus rincones más inaccesibles, y comenzó a roer y a defecar en distintas partes. Gracias a la observación y con dedición, el animal fue detectado, cercado y aislado. Se introdujo veneno y se lo privó de alimento, así que ahora resta esperar que perezca de una vez por todas. Y como si esto fuera poco, algunos fantasmas del pasado, aunque muy débilmente, todavía se pasean, logrando que prevalezcan ciertos temores y rompiendo la paz interior.
Para terminar, el departamento sólo posee un problema crónico, que ocurre con sus cañerías. Suelen taparse los desagües cloacales ocasionando malestar general.
Ahora bien, ¿ quién vive en este lugar?, se preguntaran... se dice el pescado, no el pescador.
La casa no se vende.
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